Los dictadores quiebran una democracia y luego utilizan los procesos democráticos para perpetuarse en el poder.
Este pasado domingo, Venezuela celebró elecciones regionales y municipales para elegir a más de 3 mil puestos, entre ellos gobernadores, alcaldes, diputados locales y concejales. El mandatario chavista, Nicolás Maduro, confirmó que los comicios fueron todo un éxito, y que quienes hayan ganado se tendrán que entender con él para trabajar unidos.
Peligroso el escenario que se avecina en Venezuela, porque aún cuando por primera vez en 15 años se contó con la presencia de observadores electorales de la Unión Europea, al igual que paneles de la Organización de las Naciones Unidas y del Centro Carter, se podría convertir en otra jugada chueca para justificar la permanencia de Maduro al mando del país.
Estas elecciones pueden ser un nuevo punto de partida para el presidente Nicolás Maduro, ya que podrá abogar por el levantamiento de sanciones internacionales impuestas contra su Gobierno por haber realizado comicios “democráticos”, señalando que con la presencia de misiones de observación electoral y la participación de partidos opositores, la comunidad internacional no podrá cuestionar la legitimidad ni transparencia de los resultados.
Difícilmente se puede creer que de repente un dictador se convierte en un demócrata. La elección presidencial de 2018, en la que fue reelecto Maduro, y en las legislativas de 2020, en las que el oficialismo recuperó la mayoría en el Parlamento, encontraron un amplio rechazo por la comunidad internacional, particularmente de Estados Unidos y la Unión Europea, debido a que la oposición se negó a participar y estuvieron marcadas por acusaciones de fraude.
Aún cuando la oposición participó en estas elecciones, Juan Guaidó, reconocido como presidente interino de Venezuela por medio centenar de países, insistió que no existían condiciones para una elección justa y libre en el país. Por su parte, Maduro advirtió en la víspera de los comicios que la Unión Europea no está facultada para dar un «veredicto» del proceso. En pocas palabras, el chavismo tendrá la última palabra.
El oficialismo ganó 20 de las 23 gubernaturas, y ante ello, el Gobierno de Estados Unidos anunció que invitará a opositores venezolanos y a representantes de Juan Guaidó a la Cumbre Virtual por la Democracia, convocada por el presidente Joe Biden el 9 y 10 de diciembre. Por su parte, el representante de Guaidó en Estados Unidos, el embajador Carlos Vecchio, calificó los comicios como una farsa electoral y pidió a la comunidad internacional mantener la unidad para salir de la dictadura.
La oposición, que vuelve a la vía electoral con la mirada puesta en una elección presidencial transparente en 2024, tiene la opción de un referendo para revocar el mandato del gobernante el próximo año, siempre y cuando se defina en la mesa de negociación en México, que por ahora están paralizadas.
Sin embargo, Maduro declaró que no hay condiciones para retomar las conversaciones con la oposición en México, tras la extradición del empresario colombiano Alex Saab, a Estados Unidos.
Los dictadores de hoy debilitan una democracia por la vía legal y electoral con el fin de aparentar que la están fortaleciendo cuando en realidad utilizan las instituciones y normas democráticas para derrumbarla.
En América Latina, ya pasó en Nicaragua, Venezuela, Cuba y El Salvador va que vuela. La responsabilidad recae en la comunidad internacional para proteger las libertadas y los derechos políticos y civiles de los ciudadanos. Aquellos líderes que reconocen y aplauden los esfuerzos antidemocráticos de estas dictaduras, mandan una clara señal que son capaces de replicar estas estrategias en sus propios países.